Black Power

El pasado 4 de Noviembre contemplamos como un senador de raza negra accedía a la presidencia de los EE.UU. Con este motivo, recordamos uno de tantos fenómenos que se produjeron hace 30 años, y que fue conocido como el “Black Power”. Este hecho se produce en las Olimpiadas celebradas en Ciudad de México entre el 12 y el 27 de Octubre de 1968.

A pesar de que hubo un gran número de atletas Estadounidenses que compitieron, hubieron otros que optaron por no acudir a la cita ya que se sentían discriminados por su país, tal es el caso de Lew Alcindor (más conocido como Kareem Adbul-Jabbar).

De todos atletas participantes hubo dos de raza negra que se manifestaron en contra la discriminación racial que azotaba a la «Nación de la libertad y la Democracia».

Los dos héroes fueron Tommy Smith y John Carlos, ambos participaron en la final de 200 lisos el 16 de Octubre, en la cual obtuvieron melladas, Smith oro y Carlos bronce. Fue en el podio donde recibieron las medallas, el lugar idóneo para manifestarse, así cuando sonaba el himno estadounidense, ambos, con los pies descalzos,con un guante negro, levantaron el puño cerradoen alto, al mismo tiempo mantenían la cabeza inclinada y la mirada en el suelo. Acto éste con el cual protestaban ante la situación de discriminación racial existente en EE.UU.

Este hecho recuerda aquel que hicera Jesse Owens en la Olimpiada de Berlín de 1936 en contra de la política antisemita del Partido Nacional Socialista. Tras la conclusión de los Juegos de 1968, tanto Smith como Carlos fueron recriminados a su llegada a los EE.UU. Previamente el COI sostenía la idea de que los dos atletas fueran expulsados de la Villa Olímpica y su negativa a que participaran en competiciones en representación norteamericana.

Fue un alto precio el que pagaron Smith y Carlos, no sólo en el aspecto deportivo sino también en el personal, ya que sus respectivos matrimonios acabaron destruidos por el acoso social al que estaban sometidos. A pesar de todos los problemas, ambos salieron adelante.

Smith encontró trabajo como limpiador de coches en un aparcamiento pero lo despidieron por sus ideales de igualdad de derechos, mas adelante encontró trabajo como entrenador de atletismo. En el presente año estuvo de visita en Madrid como invitado del diaro As donde le fue concedido el premio a los valores universales del deporte. Actualmente tiene 64 años

Respecto a Carlos, sufrió el trauma del suicidio de su mujer, la cual le regaló los guantes negros. En la década de los 80 fue contratado por el Comité Organizador de los JJ.OO. de Los Angeles como mediador de aquellos jóvenes de raza negra ubicados en las zonas marginales de Los Angeles, denominados Negro Ghetto. Smith afirma, que el cambio que se ha producido este 4 de Noviembre era un cambio del que no solo ellos eran partícipes, sino que ya comenzó con Jesse Owens, Rosa Parks y Luther King entre otros… pero aún nadie les ha pedido perdón por lo sucedido tras su acto de 1968.

"El cuarto Rey Mago"

Cuenta una historia que los Reyes Magos que salieron de Oriente siguiendo la estrella de Belén no fueron tres, sino cuatro, aunque el cuarto no llegaría a ver el pesebre, debido a los avatares sufridos a lo largo de la travesía. Su nombre era Artabán y al igual que Melchor, Gaspar y Baltasar llevaba unas ofrendas, en este caso, un zafiro, un rubí y una perla.

Artabán partió solo procurando seguir la estrella de Belén al igual que los otros reyes que llegarían a Jerusalén en cinco semanas. ¿Qué ocurrió con Artabán? Esta es su historia. Se dirigía el cuarto rey a Belén cuando se topó con un hombre desventurado por el ataque de unos bandidos. El rey limpió y curó sus heridas y le ofreció el zafiro para que continuara el camino con alguna ayuda. Artabán siguió su viaje pero lamentablemente cuando llegó al punto de encuentro, los Reyes Magos ya se habían marchado. Prosiguió su camino ayudando a desamparados que se encontraba a su paso a sabiendas que retrasaría su llegada. Cuando llegó a Belén no parecía un rey, sus vestimentas se habían estropeado. No encontró ninguna señal de los Reyes aunque si dio con la carnicería que ordenó Herodes, que mandó asesinar a todos los recién nacidos, motivado por unos augurios. Artabán presenció diversas escenas dantescas por lo que en un determinado momento y desesperado por lo que presenciaba le ofreció su rubí a un soldado para que no matara a un niño. Por tal hecho Artabán fue detenido y llevado a las mazmorras. Allí permanecería encerrado más de 30 años, donde se debatió entre la locura y la lucidez, hasta que Pilatos le concedió la libertad. Cansado y débil por los años pasados encarcelado se dejó llevar por una muchedumbre que iba hacia el Gólgota para presenciar la crucifixión de Jesús de Nazaret, acusado de ser un falso profeta y de blasfemia.

Un 4 de Diciembre…

Un 4 de diciembre de 1977 miles de andaluces salieron a la calle pidiendo con una sola voz que nuestra tierra era algo más que el cortijo de
caciques, querían afirmarse como pueblo, proclamar sus esperanzas y exigir sus derechos políticos y sociales.

Los Andaluces y Andaluzas retomaron hace 31 años la tarea que ya comenzara en la década de los años veinte del siglo pasado Blas Infante, abortada de forma trágica con el estallido de la Guerra Civil. Ese día dos millones de andaluces y andaluzas, desafiando al tiempo y a las autoridades, tomaron las calles de nuestra tierra, y no solo en las ocho provincias, la llamada novena provincia andaluza, esa que está formada por todos nuestros paisanos fuera de su tierra, también unió alzó su voz.

Una jornada memorable que en mi opinión debe ser considerada el “El Día del Pueblo Andaluz”, ya que fue el momento en el que comenzamos a despertar, a no sentirnos un pueblo de segunda, fue el pistoletazo de salida para una nueva Andalucía que no quería seguir siendo una zona marginal de Iberia. 

Pero el verde esperanza y blanco de pureza y paz, que envolvía nuestras voces, quedó impregnado de un color inesperado, el color rojo de la sangre derramada por un joven de apenas 19 años que fue abatido por la espalda por una bala disparada por la policía.

La tragedia ocurrió en Málaga. Al paso de la manifestación delante del edificio de la Diputación, varios jóvenes colocaron banderas Andaluzas en el edificio, mientras de las gargantas de los asistentes se gritaba ¡Viva Andalucía!. En ese momento de jubilo se desencadeno una brutal carga policial ordenada por el gobernador civil. A las habituales escenas de carreras, botes de humo, porras, y pelotas de goma, se unieron en esa ocasión las armas de fuego. Unas armas que se cobraron una victima, José Manuel García Caparrós, trabajador de una fábrica de cervezas, miembro del PCE y de CCOO, joven que cayó muerto junto a la pared del edificio del periódico Sur por un disparo que recibió en la espalda. Un asesinato sin asesinos, pues nunca se detuvo a los culpables, y que entristeció aquel día de orgullo y reivindicación.

Vaya desde esta líneas nuestro pequeño homenaje a todos esos héroes, Andaluces y Andaluzas que fueron uno solo en aquella jornada, y vaya también nuestro recuerdo para José Manuel García Caparrós, mártir de nuestro pueblo, y que desgraciadamente es olvidado por muchos.

4 de Diciembre día del pueblo Andaluz.

Viva Andalucía Libre, los Pueblos y la Humanidad!

"Una leyenda del oeste americano: Doc Holliday"


Os escribo en esta ocasión de uno de mis héroes favoritos. No es conocido para el gran público pese a que parte de su vida ha sido llevada al cine en numerosas ocasiones interpretado por grandes actores como Kirk Duglas o Val Kilmer. Su nombre era John Henry Holliday. Nació el 14 de agosto de 1851, en Griffin, Georgia. Su madre murió a causa de la tuberculosis, enfermedad que lo perseguirá durante toda su vida, él contaba para aquel entonces con 15 años.

En 1870 marcha a Filadelfia para estudiar dentista, recibiendo el grado de Doctor de cirugía dental en Pennsylvania. Abriría un consultorio en la ciudad de Atlanta. Considerado por sus compañeros de profesión como uno de los mejores en su profesión recibirá un duro revés: los médicos diagnostican a John tuberculosis, y está en una fase avanzada, le afirman que no llegará a los 30. Decide trasladarse a un clima más propicio para aguantar su enfermedad, Texas. Pero el agravamiento de su enfermedad le obliga a dejar su profesión, debido a que solía toser demasiado en presencia de los pacientes. No obstante en el “viejo oeste” encontrará otras ocupaciones: mujeres y juego. John “Doc” Holliday se convertirá en poco tiempo en un jugador de cartas de primera, y en un “semental”. Con todo, se tendrá que habituar al manejo de las armas de fuego, el oeste americano hace que Doc Holliday vaya adquiriendo una gran pericia en el uso de los revólveres.

La leyenda de Holliday comienza cuando en una refriega en un Saloon, acaba sesgando la vida de un pistolero, lo que le obliga a huir de Dallas. Había muerto el médico para dar paso a la leyenda…

Doc Holliday conocerá a Wyatt Earp en 1875 en Deadwood. Será el principio de una amistad forjada a plomo. Wyatt era conocido por imponer la ley con dureza en pueblos sin ley. La vida los reúne en Tombstone. Allí Wyatt junto a sus hermanos Virgil y Morgan Earp imponían la ley. Doc Holliday les ayudaba en ocasiones. Estos cuatro personajes pasarían a la historia por ser los protagonistas del tiroteo más famoso de la historia, suceso que seguramente más veces ha sido llevado al cine.

Los motivos de tan legendario duelo son confusos, si podemos decir que los Earp y el mismo Holliday eran bronquistas y no rehuían el conflicto, escudándose en la placa de sheriff.

El incidente clave para que ocurriese el suceso fue un robo de la diligencia en marzo de 1881, en la que murieron dos personas y el principal sospechoso escapó más tarde de la cárcel. Wyatt Earp, que se presentaba para sheriff del condado de Cochise contra el titular Johnny Behan, su rival, intentó forzar a Ike Clanton para que le ayudase a arrestar a algunos hombres acusados de robo. Sin embargo, él no aceptó el trato y la hostilidad entre los Earp y los Clanton aumentó. Ello desembocaría en el Ok Corral, donde se enfrentarían los hermanos Earp, más un Holliday en un estado de salud terminal, contra los hermanos Clanton, los McLaury y Billy Claiborne. El tiroteo comenzó sobre las 14:30 del miércoles 26 de octubre de 1881, en un solar desocupado, detrás del corral, en Tombstone, Arizona. Como anécdota decir que se realizaron treinta disparos en treinta segundos. Virgil y Morgan Earp fueron heridos de gravedad, Holliday recibió heridas menores. Wyatt resultó el único que no fue herido. Billy Clanton y Tom McLaury, ambos del otro bando, cayeron muertos y Ike Clanton y Claiborne huyeron del enfrentamiento.

Los Earp y Holliday fueron acusados de asesinato, pero en la audiencia preliminar el juez de paz determinó que no había pruebas y quedaron libres. Tras la audiencia, el hermano de Wyatt, Morgan, fue asesinado y Virgil fue herido, perdiendo su brazo izquierdo.

Tras estos acontecimientos, Doc Holliday acompañó a Wyatt, a una vendetta forjada a plomo, matando a los responsables. Al finalizar esta venganza, Wyatt y Doc se separaron. Doc se retiraría muy enfermo a un sanatorio donde la tuberculosis se lo llevó en noviembre de 1887. (Curioso el epitafio de su lápida, donde se hace alusión a que ningún pistolero se lo pudo llevar a la tumba).

Su íntimo amigo Wyatt dijo de Holliday en sus memorias:

«Nadie se quería enfrentar a Doc a un duelo de pistolas, puesto que era un hombre que nada tenía que perder».

"La legión perdida ¿realidad o leyenda?"

Marco Licinio Craso fue uno de los grandes triunviros romanos, junto a Cayo Julio César y Cneo Pompeyo Magno. Los tres formaron el primer Triunvirato, con el objetivo de controlar Roma en el año 60 a.C. En el 72 a.C. acabó con la revuelta de esclavos liderada por Espartaco en Apulia y castigó a los esclavos mediante la crucifixión de seis millares de ellos a lo largo de la vía Apia. Ávido de gloria militar se unió a Pompeyo y César en el Triunvirato. Así, en el año 53 a. C. con Julio César en las Galias y Pompeyo en Hispania, Craso buscaba fama militar en la parte oriental del Imperio, por lo que se hizo cargo de la campaña contra los partos, un poderoso reino oriental, medio bárbaro y medio griego que ocupaba los territorios de los actuales Irán, Irak y parte de Turquía. Al frente de un imponente ejército de 45.000 soldados, estaban compuestos por siete legiones, 4.000 arqueros y 4.000 jinetes que se encontraban al mando de su hijo mayor, Marco Licinio. El encuentro con los partos tuvo lugar en Carrhae siendo vencido el ejército romano. Dieron muerte a Craso e hicieron prisioneros a más de 10.000 de sus soldados. La historia es que en el 20 a.C. romanos y partos firman la paz y acordaron la devolución de los prisioneros de Carrhae, pero los restos de aquellas legiones ya no estaban, como si nunca hubieran existido.

Nos cuenta Plinio el Viejo en su Historia Natural que los prisioneros fueron llevados a Margiana, región del Asia Central. Era una zona rodeada de montes en un entorno de 1.500 estadios y de difícil acceso. En esta zona fue fundada por Alejandro Magno en el 328 a.C. una de las muchas ciudades que llevaron su nombre (Alejandría). Dicha ciudad fue destruida por los escitas y reconstruída por Antíoco I a principios del 300 a.C. quién la rebautizó como Antioquía. Este rey, pobló la ciudad con súbditos sirios. Esta ciudad existía todavía en época de Orodes II de Partia y allí fue donde envió a los prisioneros romanos. Aquí se pierde la pista de los 10.000 y es donde entra en juego la leyenda. La legión perdida reaparece en las crónicas chinas de la dinastía Han en el año 36 a.C. En ese año el general Gan Yanshou emprendió una campaña militar en los territorios fronterizos occidentales contra los nómadas xiongnu, antecesores de los hunos. La «Historia de la Dinastía Han Occidental» del biógrafo Ban Gu incluye una biografía del general Gan Yanshou, en ella Ban Gu narra que el ejército chino se encontró con un extraño contingente. Su baluarte estaba rodeado por una empalizada de madera y con una infantería desplegada en una formación similar a la tortuga, una formación de batalla de las legiones romanas, en la que los soldados se cubrían mutuamente con los escudos, formando un techo de hierro que protegía por completo cuerpos y extremidades (ver imagen superior). El ejército chino venció pero aquella infantería vencida supuso tal admiración en los chinos, que les perdonaron la vida a los últimos 1.000 soldados, los cuales, según Ban Gu, fueron destinados a la provincia de Gansu donde fundaron la ciudad de Liqian (nombre chino que denominaba a Siria) para proteger la gran muralla de los invasores. Sobre lo que fue posteriormente del resto de los soldados ya son meras especulaciones.

En el año 1955 el historiador americano Homer Hasenpflug Dubs encajó los datos de Plutarco y Plinio con las crónicas históricas de la dinastía Han. Leyendo las antiguas crónicas el historiador argumentó que el topónimo LiJien, documentado desde el año 5 de nuestra era, no es sino una variante china de «legión», un nombre que designaba también a Roma desde que los antiguos chinos tuvieron noticias de su opulencia y poder a través de sus comerciantes en Alejandría

La legión perdida, ¿realidad o leyenda?

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